RAMON CASALÉ – 2008

“Nuestras percepciones del mundo exterior están habitualmente rodeadas por las nociones verbales conforme las que pensamos. Siempre estamos tratando de convertir las cosas en signos para las abstracciones más inteligibles, de nuestra propia invención. Pero, el hacer esto, tomamos estas cosas buena parte de su ser natural “.

Aldous Huxley. Las puertas de la percepción. Cielo e infierno. 1979

 Una Pintura de Reflexiones y Silencios

Debo reconocer que el título tiene relación con un texto del también pintor Gabriel Rigo en el que refiriéndose a la obra de Núria Guinovart, la veía como una “alquimista del silencio”. Estoy de acuerdo con esta afirmación, y lo estoy por varias razones. La primera por la técnica empleada, la segunda por la utilización de colores neutros, principalmente el gris, y finalmente por la manera de enfrentarse a los temas que surgen en sus composiciones abstractas. Cuando contemplamos la pintura de Núria Guinovart nos damos cuenta de que no es una pintura fácil, al contrario, es una pintura compleja tanto por la técnica que usa -cemento, ceras y alquitrán sobre una superficie de porexpan o madera- como por su contenido formal -o no formal-, en el que sus propuestas van más allá, al menos aparentemente, de la propia realidad connatural. Pero esta complejidad también es positiva e intentaré explicar el porqué. El artista, con su trabajo, está tratando de descubrir las infinitas posibilidades que le ofrecen materiales como por ejemplo el cemento asísmico, del que yo no había oído hablar nunca, sólo del fibrocemento o del mismo cemento, pero ella misma me comentó que se refería a un tipo de cemento a prueba de terremotos, muy utilizado en Japón, que es tan flexible, como pongamos por caso la fibra de vidrio. Otro material que también suele emplearse son las ceras pero, a diferencia de Tàpies por poner un ejemplo de artista que trabaja habitualmente con ellas, dándoles un cierto protagonismo compositivo, sobre todo por la luminosidad y transparencia que se advierte -me viene a la memoria una exposición monográfica titulada “Tàpies y la miel” exhibida en la fundación que lleva su nombre- en su caso actúan de manera diferente, no se aprecian tanto a primera vista, sino que son tratadas con más ductilidad y elasticidad. Este interés por el mundo material no le viene de nuevo, sino que en épocas anteriores, concretamente los años 80, se interesó por el reciclaje, o sea investigaba y experimentaba con materiales de desecho, reutilizando los mismos y creando nuevas composiciones pictóricas. Por lo tanto su obra no sólo se puede considera pictórica, sino que va más allá de la bidimensionalidad de la pintura, y va camino de la escultura. Es evidente, pues, que no podemos hablar exactamente de escultura, pero sí que existe una cierta idea de tridimensionalidad: espacios vacíos como resultado de extraer la propia materia -no suele emplear pigmentos, por lo tanto es el propio cemento- formándose unos agujeros, la técnica del grattage, en base a rayar la superficie formando surcos, tanto vertical como horizontalmente, que evoca la idea de espacialismo, o incorporando materia que visualmente da la sensación de collage, pero sólo es una ilusión óptica. El color lo he dejado aparte ya que para mí es el principal protagonista de sus composiciones. Cuando nos referimos a que la suya es una pintura de reflexión y de silencio, veremos que el color nos da la clave para que podamos tener la idea de que estamos ante una obra meditada, sensible, pero también emocionalmente dura, que puede originar angustia -esto último me hizo observar la pintora, aunque yo no estoy muy de acuerdo, ya que aparentemente no me da esa sensación-. El uso de tonalidades neutras, principalmente las diferentes gamas de grises, así como verdes, azules y sepias, pero todos ellos cromáticamente muy suaves y tenues, dan el aspecto de ser una obra amortiguada, sin vida, pero esto sólo lo es a priori, ya que si observamos con detenimiento cada una de las piezas exhibidas nos daremos cuenta que sucede lo contrario. La suya es una pintura vital -no confundir vitalismo con agresividad y colores rojos, ya que existen otras maneras de representarla-, llena de connotaciones personales, y por tanto emocionales. La sobriedad que experimentan estas gamas cromáticas no son ajenas a la idea de movimiento, pues la línea curva, los regueros que fluctúan casi aleatoriamente por la superficie, la aplicación del fuego y, como se ha mencionado antes, la técnica del grattage crean una obra dinámica y en consecuencia vital. Núria Guinovart se adentra en una pintura de marcado contenido abstracto, entendiendo el expresionismo desde diferentes vertientes: espacialismo, materia, gesto, pero también con reminiscencias del pasado. El pasado entendido no por los materiales utilizados, que evidentemente son contemporáneos, sino por la manera de representarlos. Sus pinturas parecen evocar el arte Prehistórico -cuevas con esgrafiados, pinturas esquemáticas, etc-, tambien así como el arte románico. Me preguntarán porque menciono aquí el arte románico, no es porque el artista esté representando un pantocrátor en sus cuadros, sino que parece estar pintado sobre una pared, a modo de mural -ella misma ha realizado estudios de encáustica en la ciudad italina de Bérgamo-, veríamos, pues, que existe una relación con la idea de muralismo. Todo esto reconozco que es una hipótesis y que comentándolo con el artista, ella lo acepta por cortesía y porque es una más de las interpretaciones que el espectador puede tener. Por otro lado también es positivo que todos den su opinión, lo que invita a contemplar la obra con más detenimiento y no quedarse con lo superfluo. De todos modos, si que es cierto, que cuando se ve el trabajo de Núria Guinovart entiende que el arte tiene muchas vertientes, muchos caminos creativos, y que esto hace que mantengamos abiertas las puertas a nuevas maneras de representarlo, que no todo está inmerso con la lucha estéril de la confrontación abstracción-figuración, sino que la idea de pintura va más allá, que existen más formas de entender el arte y no dirigirlo en una sola dirección. Por suerte, Núria Guinovart lo ha entendido perfectamente, y deja claro que el silencio y la reflexión son los mejores antídotos para contemplar sosegadamente la obra de arte.

Ramon Casalé
Associació Internacional de Crítics d’Art