MARTA VÁZQUEZ

DEJAR HUELLA

¿Cuántos de nosotros no hemos sentido alguna vez ante una capa de cemento tierno el instinto de dejar nuestra huella? Seguro que muchos hemos observado curiosos las huellas de algún animal que han quedado grabadas sobre el asfalto, o hemos admirado curiosos como algún famoso hundía sus manos en una masa blanda para asegurarse la inmortalidad. Este instinto humano de dejar huellas tiene que ver con la propia vivencia del cuerpo, nos habla de la fascinación que sentimos hacia la posibilidad de registrar un presente fugaz, de desafiar revoltosamente el propio ritmo de los tiempos. Un material como el cemento tiene insertado en sí mismo el acontecimiento del presente. El proceso de grabar una huella requiere así actuar sobre el material antes de que se endurezca de forma irreversible.

 

Este es precisamente el proceso creativo elegido por el artista catalana Núria Guinovart (1961), que ha convertido el cemento en su mejor aliado. Conocedora desde hace años de las propiedades de este material, Guinovart crea una obra íntima que nace de este instante decisivo arriesgado en que se construye la pieza. Las incisiones y cortes sobre el material todavía fresco abren al artista un rico universo de matices y texturas. Su trabajo imprime sobre el cemento trazos personales, en unas obras donde la poesía nace del refinado equilibrio que las huellas encuentran sobre la fuerza del vacío.

 

La presencia de este momento único impregna las obras de Guinovart. Unas obras que se expresan con un lenguaje de formas sencillas y abstractas que flotan en espacios grises y silenciosos. Se trata de unos espacios construidos con elegantes equilibrios compositivos, espacios que desprenden un esencialismo zen que recuerda las delicadas creaciones orientales.

 

En la obra de Guinovart no tienen cabida los elementos superfluos, lo que aparece participa de un aura de paz que flota en todas las obras. Parece que es precisamente sobre esta monocromía del cemento donde es posible apreciar mejor la energía de la emoción.

 

EL LENGUAJE

 

La obra de Guinovart atrae porque consigue desafiar las propias características de un material como el cemento. Desde la apariencia dura y fría que nos evoca, la artista imprime la calidez de la intimidad.

 

Desde su carácter urbano y poco estético, sorprende con una refinada elegancia. Y aún más. Contra la sensación de peso, la aparición de unos espacios ligeros, una obra que respira, en expansión. Lo que queda registrado es pasión, es vida. Un trabajo de contenido, donde aunque el resultado estético no es el fin, es posible apreciar la misma belleza de la imperfección. La imaginación se desnuda y corre inconsciente dejando trazos y grietas, guiada siempre por el instinto.

Parece que la misma fascinación que sentimos por dejar huellas la reencontramos a la hora de contemplarlas. Como si se tratara de fósiles de un presente caduco, las obras nos invitan a observarlas para apreciar la dureza de la huella, para comprobar cómo la huella ha quedado registrada. Inalterable.

 

Marta Vázquez