MARIA PALAU

 

SUGESTIÓN Y EVOCACIÓN

Núria Guinovart,  en Sala Parés de Barcelona, donde expone por segunda vez.

Núria Guinovart (Barcelona, 1961) sintió el llamamiento del arte en el taller de pintura de su abuelo. Fascinada por el olor que impregnaba aquel espacio, la pequeña Núria asumió que aquel sería su camino, no tanto para comunicarse cómo para conocerse a sí misma. El hechizo de aquel perfume todavía perdura y continúa siendo la semilla de la energía interior que atesoran sus cuadros. Aquello vivido es el que dota de personalidad su trabajo artístico, dominado siempre por la presión de la investigación de nuevos lenguajes plásticos. Guinovart no ha sido una artista conformista. Es que conduce a algún lugar, la resignación, en el mundo del arte? Tampoco ha hecho un feo al azar y a la casualidad cuando le han insinuado nuevas posibilidades para su proceso creativo. Hace unos años, un viaje en Italia para aprender encàustica sacudió su conciencia artística. Descubrió unas esculturas de cemento y decidió convertir este material en la razón de ser de su proyecto pictórico.

Una vez hubo conseguido –y no fue precisamente fácil– dominar el cemento, o mejor dicho, entender y hacer resaltar su recóndita belleza con la ayuda de ceras y alquitrán y, sobre todo, con el deseo de suavizarlo limándolo persistentemente, Guinovart abrió una nueva dimensión pictórica sometida a un proceso de depuración radical que prioriza aquello esencial. No hay espacio para la anécdota en sus paisajes empapados de silencio, y no de vacío, para escuchar y escucharse, no siempre muy bien aquello que más nos complacería escuchar. Son paisajes del alma, sin cortezas que encubran y manipulen sus estados. El espectador tiene la sensación que se puede perder en el interior de estas obras, de gran sensualidad e influjo poético, pero, y esto es indispensable, le exigen que previamente se involucre y que dedique tiempo. Los cuadros de Guinovart piden una mirada lenta, tranquila y sin angustias, para enriquecerse con sus detalles y para zambullirse en una experiencia artística de pura sugestión y evocación.

Núria Guinovart presenta ahora sus obras de producción más reciente a Sala Parara de Barcelona (Sentido del lugar y el tiempo, hasta el próximo 25 de junio), en las cuales, y por primera vez, ha incorporado color, no para desafiar las sutilezas del cemento, sino justamente para acompañarlas y para sumar una carga añadida de elegancia. Guinovart está haciendo evolucionar una aventura pictórica muy interesante, compleja y rica en paradojas, y sobre todo muy personal y libre, alejada de las obsoletas tensiones entre la figuración y la abstracción, atenta a unos nuevos tiempos de ruidos en que la pintura, el mejor que puede aportar es reflexión y serenidad.

En la sangre
Núria Guinovart pertenece a una familia de artistas, y defiende con orgullo esta herencia. Su apellido delata su parentesc con Josep Guinovart, primo hermano de su padre. De todos modos, sus planteamientos pictóricos están muy alejados.

Maria Palau, 2013